La concepción tradicional del Estado-Nación legada a lo largo de los siglos, mantuvo como eje articulador la integridad territorial y el ejercicio de un control soberano indiscutible sobre los activos físicos situados dentro de sus fronteras. Durante el siglo XX, esta potestad se manifestaba mediante la salvaguarda de la infraestructura tangible como las vías de comunicación terrestres, redes eléctricas, centros de mando y activos industriales; elementos que, en su conjunto,